REFLEXIÓN SEMANAL DEL SÁBADO 22 DE NOVIEMBRE.

CRISTO, PRINCIPIO Y CAMINO HACIA LA GLORIA REAL. San Cirilo de Alejandría, obispo, padre y doctor de la Iglesia.

Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. ¿Ves cómo en estas palabras no pide el comienzo de la glorificación, sino la renovación de la que ya poseía antes, y que esto lo dice hablando como hombre? Además, por numerosos textos de la Escritura, pero particularmente por aquella terrible visión de Daniel, en la cual manifiesta haber visto a un anciano, sentado en el trono, y que miles y miles le servían, millones lo acompañaban, cualquier estudioso podrá deducir y comprender que todo le ha sido dado al Hijo a causa de la encarnación. Y añade: Vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido a un ser humano, que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. Le dieron poder, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían.

¿Ves cómo aquí se nos describe cuidadosamente todo el misterio de la encarnación? ¿Ves en qué sentido se dice que el Hijo recibió el reino de manos del Padre? No se trata de la simple descripción del profeta, sino que nos asegura que apareció como un Hijo de hombre. Según está escrito: Se despojó de su rango, pasando por uno de tantos, para que siendo el primero en regresar al reino, fuera para nosotros el principio y el camino hacia la gloria real. Y habiendo asumido una vida según la naturaleza humana, por nosotros se rebajó hasta la muerte de la carne en beneficio de todos, para liberarnos de la muerte y de la corrupción, dada la semejanza que con nosotros tiene al haberse en cierto modo confundido con nosotros, y al hacernos partícipes de la vida eterna: así, aunque como Dios sea el Señor de la gloria, sin embargo ha cargado sobre sí con nuestra vergüenza, para reconducir la naturaleza humana al honor regio.

Porque como dice Pablo, es el primero en todo: es el camino, la puerta, la primicia de todos nuestros bienes, el que nos conduce de la muerte a la vida, de la corrupción a la incorrupción, de la debilidad a la fortaleza, de la esclavitud a la adopción de los hijos de Dios, de la vergüenza y la ignominia al honor y a la gloria del reino.